La producción de pollo y huevo alcanzó un récord histórico en 2025, consolidándose como uno de los pilares más dinámicos del sector agroalimentario. Este crecimiento respondió a una combinación de factores, entre ellos la recuperación sostenida de la demanda interna, la estabilidad relativa de los costos de insumos y la mejora en los sistemas de bioseguridad y manejo productivo. El resultado fue una mayor oferta de proteínas animales accesibles, clave para la seguridad alimentaria.

En el caso del pollo, el aumento de la producción estuvo impulsado por ciclos de engorde más eficientes y una mayor tecnificación de las granjas. La adopción de genética mejorada, junto con avances en nutrición y control sanitario, permitió elevar los rendimientos sin comprometer la calidad. Además, el consumo per cápita se mantuvo alto gracias a que el pollo sigue siendo una de las carnes más económicas y versátiles para los hogares.

La producción de huevo, por su parte, también mostró un desempeño destacado. La modernización de las instalaciones, el uso de sistemas automatizados y una mejor planificación de las parvadas contribuyeron a incrementar la productividad. A esto se sumó una demanda estable tanto del consumo directo como de la industria alimentaria, que utiliza el huevo como insumo en múltiples procesos.

De cara a 2026, las proyecciones del sector avícola son moderadamente optimistas, aunque más cautelosas que el año anterior. Los productores anticipan un crecimiento más gradual, condicionado por la evolución de los precios de los granos, la energía y la logística. La eficiencia seguirá siendo el eje central para sostener márgenes en un contexto de mayor competencia.

Otro factor clave para 2026 será el fortalecimiento de los estándares de sostenibilidad y bienestar animal. Los consumidores muestran una creciente preocupación por el origen de los alimentos, lo que impulsa a las empresas a invertir en prácticas más responsables. Si bien estas inversiones pueden elevar los costos en el corto plazo, también abren oportunidades de diferenciación y acceso a nuevos mercados.

El comercio exterior aparece como un componente estratégico en las proyecciones del sector. La posibilidad de ampliar exportaciones de carne aviar y ovoproductos dependerá de la situación sanitaria global y de la competitividad frente a otros países productores. Mantener el estatus sanitario y cumplir con exigencias internacionales será determinante para aprovechar estas oportunidades.

En síntesis, tras el récord alcanzado en 2025, la producción de pollo y huevo enfrenta en 2026 el desafío de consolidar su crecimiento de manera sostenible. Con foco en eficiencia, innovación y adaptación a las nuevas demandas del mercado, el sector avícola se perfila para seguir siendo un actor clave en la economía y en la provisión de alimentos esenciales.

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